martes, enero 6

Hay veces en que quiero llorar y debería hacerlo, pero ya no puedo, un invierno 2008 atravesó mi corazón, congelando cada parte de él y creo que mis lágrimas también.
Las pérdidas ya no las sufro, miro al pasado y todo esto es tan miserable comparado con mis penas anteriores.
Una vez mas no hay quien me abrace y me protega de las tormentas que dañan mi vida. Nuevamente estoy al interperie, vulnerable a cualquier acto de maldad.
Quisiera un hombre, que fuera mi hombro en los días de pena, que fuera un abrazo en las tardes heladas y que fuera mi agua en mis ratos de sed.
Pero no hay nadie, que se asimile a eso, o tal vez soy yo, que no sirvo para estar con alguien así. Mis amistades son muy extensas, mis amores duran lo que dura un fósforo encendido.

1 comentario:

María de los angeles dijo...

cuando crees que ya no quedan lágrimas para llorar llegan y te dicen no, aún hay.
cuando crees que no existe nadie que te de tranquilidad, aparece una dulce voz diciendo "hey, calma"
cuando crees que eres incapaz de volver a amar, conoces a uno. ese, ese que verdad vale la pena.

porque siempre hay luz al final del tunel